sábado, 14 de mayo de 2016

Daniela García

"LOS FUSILAMIENTOS DEL 3 DE MAYO"


Es uno de los óleos más impresionantes de Goya. Se trata de los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío. Es un óleo en el que Goya condena el cruel acto histórico desde el fondo de su sangre rebelde. En ese tiempo los franceses se habían apoderado de España y es por eso que en su obra se puede observar claramente el caos sembrando por las guerras napoleónicas.
En este cuadro podemos observar como Goya describe la estupidez, la crueldad, la represión y la inhumanidad de su tiempo de una forma que era a la vez personal y visionaria. Esta obra se basa en un acontecimiento donde el pueblo de Madrid se rebeló contra el ejército napoleónico. Los franceses tomaron represalias al día siguiente y centenares de personas fueron ejecutadas. 
Fue pintado seis años mas tarde del día del evento.
Los soldados del pelotón de fusilamiento francés son anónimos y todos han adoptado la misma postura, lo cual es un toque mecánico que permite a Goya transformar esta escena aparentemente anecdótica en una imagen universal de crueldad e indefensión. Los soldados franceses, a los que no se les ve el rostro pero con sus gestos, actitudes son suficientemente expresivos y apuntan con sus fusiles al grupo de patriotas que tienen enfrente.
La figura que destaca en el centro con una camisa blanca, pantalón amarillo y que alza virilmente los brazos es el núcleo de  la obra.  Esa  figura en particular es casi como una caricatura, como un dibujo animado y aún así es tan poderosa como cualquier otra obra de arte dentro de toda la pintura occidental.
Lo que parece irradiar luz no es el farol grande sino la camisa blanca de la víctima: tanto la pose del hombre como la herida en su mano recuerda a Cristo crucificado.
Esta ejecución se llevó a cabo en la noche y  en su cielo ocupa alrededor de una tercera parte de este lienzo de gran tamaño e intensifica su atmósfera macabra. Se dice que lo que se observa en la distancia es el convento de Doña María de Aragón, donde se piensa retuvieron a los prisioneros antes de ejecutarlos.
Goya, en este cuadro, logra hacernos sentir que somos los verdugos y los ejecutores al mismo tiempo, con un doble potencial para el bien y el mal. La intensidad del miedo, el dolor y la pérdida, por un lado, y la extrema brutalidad en el otro.

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